domingo, 15 de enero de 2017

Todos aquellos chavales eran Hitlerjugend

Todos aquellos chavales eran Hitlerjugend,
llevaban el brazalete «cruz gamada», «Juventudes Hitlerianas»…
Juventudes de Atila, Pétain, Thiers, de Gaulle, mañana Krukrú, Ramsés, Belcebú,
¡basta con que les deis la insignia! ¡se sentirán transportados!
¡os entregarán carretadas de cabelleras!
Louis-Ferdinand Céline


....Había sido una banda de skinheads neonazis. Irrumpieron con sus botazas y las barras de hierro precedidos por unos perros que habían soltado para atacar a los sin techo. El fuego lo habían provocado rociando de gasolina el contenido del carro de supermercado, convertido en arma arrojadiza tras prenderlo y echarlo a rodar.
....El aviso de Martín hizo que la policía interviniera rápidamente y evitara males mayores. No hubo víctimas mortales.
....Se precintó el lugar y se iniciaron unas pesquisas para averiguar si el guerrero tenía algo que ver con lo sucedido. Las personas sin hogar que no ingresaron en el hospital se instalaron a un par de kilómetros río Manzanares arriba, en el parque de la Bombilla.
....–¡Esos espermatozoides andantes, todo cabeza, esos cabezas rapadas sin cerebro! –se despachaba Simón, a quien habían dejado con lo puesto– Se creen los reyes, cuando en realidad su único trono es el retrete –Hablaba subido a un templete de música, que le valía de estrado, envuelto en una manta proporcionada por los voluntarios de una ONG–. Aquel que se violenta fácilmente no comprende el sufrimiento –se lamentaba, chasqueando la lengua. Y añadió, dirigiéndose a un auditorio inexistente–: A aquel que lleve el odio dentro, agarradlo y empotrad su culo en la cerámica del retrete, y no le dejéis salir de ahí hasta que no lo expulse, hasta que no le quede ni un zurullo de odio.
....Para dormir, habían encontrado cobijo bajo el primer tramo de un puente peatonal de estructura metálica, junto al murete que rodea las vías del tren y que llega hasta la antigua Estación del Norte. Algunos tardaron días en conciliar el sueño, debido a las fracturas provocadas a diestro y siniestro por los skins. Del hospital reapareció más de uno con grapas quirúrgicas en la cabeza. A ellos prestaron especial atención los voluntarios de la ONG que acudía al parque cada noche repartiendo caldo y conversación.
....–Ya podrían disecarnos que nadie movería un dedo –se quejó Simón a un voluntario–. No lo digo por vosotros, me refiero a los “muy dignos”. En nuestra sociedad existe una dignidad mal entendida que es la cara de perro. Algo muy diferente a la verdadera dignidad.
....–Vente un día con nosotros. Lo pasamos bien mientras preparamos el caldo. Puede que esta sociedad no tenga remedio, pero podemos mejorar el caldo –Lo animaba a salir del fondo del pozo–. Y si te aburres sé de un periódico solidario que busca personas que cuenten historias como pueda ser la tuya. Estoy seguro de que se te daría fenomenal.
....–Algún día, hijo, algún día –respondió al afanoso voluntario, acariciando a la vez en el bolsillo la vieja fotografía familiar de bordes desgastados–. Por cierto, ¿en qué día de la semana estamos?
....–Estamos a lunes. Mira, casualmente llevo encima un calendario de bolsillo. Quédatelo, y marca en él las cosas que quieras hacer.
....El paso de un tren de cercanías acompañó el gesto de Simón cogiendo el calendario. Para él el calendario estaba en blanco, sin objetivos ni proyectos. Se le ocurrió que ir así, sin unos objetivos, sin un proyecto de vida, podía compararse con ir en un tren sin estaciones ni paradas, en el que uno estuviera dando vueltas sin destino.


© Ricardo Guadalupe

martes, 29 de noviembre de 2016

Desahógate, suelta lo que tengas que soltar

....–Desahógate, suelta lo que tengas que soltar, échalo todo afuera –le arengaba Abel, eligiendo las palabras adecuadas–. A ver si me entiendes, ¡si el hombre se pusiera un tapón en el culo sería hombre muerto! No te quedes con la angustia dentro.
....–Los perdí –reveló Simón–, a mi mujer, la casa y a mis hijos. Ahora tienen otro padre.
....Tomó de Abel la fotografía y acarició los bordes desgastados.
....–Pensé que a tus recuerdos les podía pasar lo mismo –explicó Abel.
....Simón se apartó del grupo. De pronto se le había cerrado el estómago y no le entraba más alcohol.
....–Puede que no recuerde quién nos hizo la foto, o qué hicimos al día siguiente –cavilaba Simón, componiendo el semblante–, pero recuerdo claramente a mi familia, como si la tuviera hoy delante. A pesar de no verlos desde hace… ¿cuánto?, ¿diez años?
....Se alejó hacia la calle Segovia para despejarse y porque con las piernas reproducía la puesta en marcha de sus recuerdos.
....Abel caminó detrás y luego a su lado en cuanto la calle endureció su pendiente, dejando a la izquierda las curvas de la Cuesta de la Vega, en línea recta hacia el Viaducto de Segovia.
....–El capitalismo procura hacer del consumo una adicción. Si quieres saber los deseos de la gente basta con que observes la publicidad de la tele –Simón recuperaba su lenguaje incisivo–. Me pudo la ambición. Caí en la trampa y me endeudé. Más tarde vino el tío Paco con las rebajas, en forma de recesión económica, y me quedé con el culo al aire. La empresa en la que había invertido el dinero se echó a perder, y a partir de ahí todo lo demás.
....De los efectos del alcohol prevalecía el de la desinhibición, el vino ingerido le soltaba la lengua, actuaba de suero de la verdad.
....–¿Montaste una empresa? –se interesó Abel– ¿Del ámbito de las matemáticas?
....–Probé suerte, nunca mejor dicho. Me gustaba jugar a la Bolsa y creí que las matemáticas podrían predecir las subidas y bajadas de las acciones. Monté una empresa para asesorar sobre las mejores jugadas. Lástima que las matemáticas no predijeran la recesión. Y una verdadera lástima que mi casa estuviera en juego.
....–Lo perdiste, pero también lo tuviste –dijo Abel, que no sabía cómo animarlo–. A cuántos les gustaría perder un gran amor o una gran casa, a muchos, porque eso significaría que en algún momento lo tuvieron.
....–El año que dejé de pagar la casa y nos desahuciaron –continuó Simón–, mi mujer pidió el divorcio y la custodia de los hijos. El amor es como una peonza, cuando se para, se cae. No volví a ver a mis hijos. Aunque, a decir verdad, reconozco que antes tampoco les veía mucho. No me extraña que no me quieran ni ver.
....Cerca ya del Viaducto, en vez de remontar la ladera de la izquierda, la que habitualmente ocupaban, Simón dobló a la derecha en dirección a Las Vistillas, y Abel con él. Ascendieron por la escalinata en zigzag de la empinada Cuesta de los Ciegos, que lleva hasta el mirador que da nombre a Las Vistillas. En el último tramo, sirenas de policía sonaron distantes y fugaces abajo, por la calle Segovia. En lo alto, el viento mecía las ramas de los árboles que enmarcaban la panorámica. Entre la noche y las hojas asomaban luces lejanas de las riberas del río Manzanares y de la Casa de Campo.
....–Madrid –Se recreaba Simón en la vista–. ¿Sabes que su nombre tiene su origen aquí? Desde aquí los árabes podían ver venir al enemigo y abastecerse del arroyo que corría por la actual calle Segovia. A aquel arroyo lo llamaron Mayrit, que quiere decir algo así como “madre de aguas”. Así que, mira por dónde, Madrid viene de madre.
....Abel no pudo evitar acordarse de Matilde, de quien no guardaba fotografía alguna. Simón guardaba en el bolsillo la vieja fotografía que él había despegado del carro de supermercado. Quién iba a decir a Abel que de esa manera la había salvado del fuego. El carro y su contenido pronto estarían envueltos en llamas.
....El primero en ver el humo fue Martín, que no andaba muy lejos. Salía en columnas de debajo del Viaducto, justo de la zona en la que estarían ahora de no haber girado en dirección a Las Vistillas. A menor distancia lo vio Germinal, que por fortuna había huido a tiempo, nada más escuchar los ladridos de los perros, antes de escuchar las voces y los golpes. Cuando fue Abel quien vio el humo, la sombra de una nube negra y antigua se cernió sobre él.


© Ricardo Guadalupe